"Un tercer elemento de estos jardines es una gruta dedicada a la Virgen de Lourdes, erigida en 1911. En el interior de la gruta había una imagen de la Virgen con una corona de doce estrellas, y a su alrededor había surtidores y una ornamentación naturalizante de simbología mariana. El exterior se asemejaba a la boca de un dragón que vomitaba agua, lo que según ciertas interpretaciones, remite al pasaje de “La mujer y el dragón” del Apocalipsis.
Finalmente cabe tener en cuenta que la planta del jardín presenta unas complejas interrelaciones geométricas y compositivas que obligan a pensar en un diseño de alguien que no era simplemente un paleta. David Agulló apunta un último elemento: la utilización de material desechable, como trozos de vidrios de colores o baldosas rotas, y la intervención de los internos en la obra pueden entenderse como dos obras piadosas muy propias del universo mental del Gaudí más maduro.
La
investigación sigue. Agulló hará de este tema su tesis doctoral.
Mientras, sigue invitando a conocidos arquitectos y expertos gaudinianos
a ver los jardines. Algunos le han dado la razón, otras dudan o lo
niegan. Cuando se haya restaurado, el público tendrá también derecho a
opinar."
Ver: https://www.lavanguardia.com/cultura/20161120/411995895267/el-jardin-gaudiniano-de-sant-boi.html
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"La Capilla Inundada, construida en 1911, una construcción –también de rocalla– en forma de dragón que contenía la escultura de una Virgen"
David Agulló Galilea. Arquitecte per la Universitat Politècnica de Catalunya, Barcelona.
Daniel Barbé Farré. Geòleg per la Universitat de Barcelona, Barcelona.
Jordi Martí Aladern. Artista plàstic, Barcelona.
© Mètode 65, Primavera 2010.

Imagen de la Cueva cascada, una construcción de rocalla con forma de cueva y montaña y coronada por un baldaquín Tomás Gonzáles Carbo
“Gaudí ensayó las grandes obras que luego construiría para las grandes fortunas en el paseo de Gràcia o en la montaña pelada del Park Güell con los internos del antiguo manicomio de Sant Boi, que participaron como peones”, defiende el arquitecto David Agulló Galilea, que después de más de dos décadas de investigación en torno al imponente conjunto modernista que sobrevive en el hoy rebautizado Parc Sanitari Sant Joan de Déu no alberga ninguna duda de que se trata de una obra del genial arquitecto, posiblemente la más desconocida, enigmática y “voluntariamente silenciada”.
Y en todo caso, razona Agulló, la mera existencia de ese “jardín invisible” nos enfrenta a una imposible paradoja: “si decir que es de Antoni Gaudí supone un problema porque no tenemos ningún documento que lo avale, decir lo contrario plantea otro muchísimo mayor, porque algunas de las estructuras que hay aquí y que luego utilizará por ejemplo en la Sagrada Familia eran inéditas en la historia de la arquitectura y sería tanto como decir que Gaudí estuvo copiando a alguien”.
“Si decir que la obra es de Gaudí supone un problema, lo contrario plantea otro mucho mayor”
Escondidos durante más de cien años tras los muros de siete metros de altura que separaban del mundo el antiguo recinto psiquiátrico y la ciudad, un grupo de operarios trabaja en la rehabilitación de los elementos modernistas que se construyeron sobre un jardín de estilo inglés, creado en 1903, formado por un lago, caminos y parterres ondulantes. Fue en este escenario donde Gaudí -con la participación de Josep Maria Jujol, cuya mano le delata en numerosos elementos- concibió tres conjuntos arquitectónicos: la cueva cascada (1906), una construcción de rocalla con forma de cueva y montaña coronada por un baldaquín; la Capilla de la Virgen (1911), una gruta también de rocalla en forma de dragón que contenía la figura de una singular virgen de Lourdes con una corona de doce estrellas del Apocalipsis (como la que corona la torre de la virgen en la Sagrada Familia), y una plaza con bancos revestidos de trencadís (1912). La capilla, de la que brotaba agua, estaba en medio de un lago y de la cueva manaba una gran cascada.

Las obras y las fechas en que se realizan están perfectamente documentadas y acotadas cronológicamente en la Revista Frenopática Española , que es la revista interna del psiquiátrico, donde se informaba de las actividades del centro y se publicaban estudios y noticias relacionadas con la enfermedad mental, pero ni una palabra de su autor. ¿Cómo es posible, teniendo en cuenta que Gaudí ya era una auténtica celebridad? “Si actualmente la enfermedad mental está estigmatizada (te puedo contar sin problema lo que me pasó en la pierna pero si tengo un brote psicótico creo que no te lo diría), imagínate lo que debía ser hace un siglo. Estar aquí era algo terrible. Residían casi 2.000 personas y la mayoría, una vez dentro, ya nunca saldría. Que Gaudí estuviera en este recinto trabajando y creando con los pacientes psiquiátricos las obras que después construiría en el paseo de Gràcia para las grandes familias era algo muy difícil de asumir”, considera Agulló.


La intervención modernista fue el banco de pruebas para la Sagrada Família, el Park Güell o la Pedrera
El antiguo manicomio de Sant Boi, conocido popularmente como “la ciudad de los locos” (ocupaba 18 hectáreas), era un mundo “perfectamente autónomo, con sus panaderías, su herrería, su zapatería, su sastrería, sus huertos, sus iglesias, sus teatros o sus talleres ocupacionales, entre otros, de albañilería”, relata el arquitecto. Hay constancia, por ejemplo, de que cuando había que ampliar o construir un nuevo pabellón los internos hacían de peones, por lo que no solo no es descabellado pensar que participaron en la construcciones del jardín, sino que su huella es más que evidente por ejemplo en los bancos, en los que conviven combinaciones de mosaicos complejas y sofisticadas con unos laterales muy sencillos con piedras y trozos de botellas que parecen hechas por niños o pacientes. Los bancos, que en algunos de los asientos están los característicos elementos con forma de caparazón de tortuga para no mojarse con el agua que pasa por el canalón que hay entre el respaldo y el asiento, se construyeron simultáneamente a los del Park Güell, aunque los de aquí se concluyeron dos años antes, en 1912. “Imposible que se trate de una copia”.


Pero, ¿cómo acabó Gaudí proyectando en el antiguo psiquiátrico? “En ese momento Gaudí estaba edificando la cripta de la Colonia Güell, su obra más importante, en Santa Coloma de Cervelló. Entre 1893 y 1914 viaja desde Barcelona a Cornellà en ferrocarril y de ahí coge una tartana que pasa por delante del recinto psiquiátrico, que está a unos quince o veinte minutos a pie de su destino. Y eso lo hace centenares y centenares de veces”, explica el investigador, que ha encontrado otras vinculaciones históricas: antes de que le encargara la construcción de una iglesia de nueva planta para su colonia, Eusebi Güell había acogido en su finca centenares de enfermos del antiguo manicomio a causa de una epidemia de cólera o el hecho de que el primer constructor del Park Güell, Lluís Parés, así como muchos de los trabajadores de la obra, eran de Sant Boi.
La autoría de Gaudí se ocultó: “era inasumible que las casas de paseo de Gràcia se ensayaran en un manicomio”
Más allá de la ocultación deliberada de aquel Gaudí, arquitecto estrella, experimentando con los residentes del psiquiátrico, Agulló cree que de haber existido documentación, esta desapareció durante la Guerra Civil cuando milicianos de la CNT destruyeron los libros que contenían la información de las obras. Las construcciones tienen un cierto aire naïf, un aspecto rudimentario, como si quien lo hubiera construido no tuviera demasiadas habilidades o fuera fruto de la espontaneidad que acompaña toda obra experimental, “pero las estructuras -insiste Agulló- solo Gaudí podría haberlas ideado. “La estructura de la cueva cascada consiste en siete pilares que en su perímetro exterior son medios hiperboloides convexos, como trompetas abriéndose al cielo, y en el interior hay unas formas orgánicas que marcan un medio hiperboloide cóncavo, como media trompeta abriéndose hacia abajo”, describe. Esa estructura, inédita en la historia de la arquitectura, solo está aquí y en la Sagrada Família. Pero aquí lo materializa en 1906, mucho antes de que empiece a pensarlas para la Sagrada Familia en 1915 y las acabe en forma de maqueta en 1921. y no se empezaron a construir hasta las Olimpiadas de Barcelona”.

Reforzando su tesis de un Sant Boi como banco de pruebas o laboratorio de experimentación de Gaudí, el arquitecto también encuentra analogías entre la Cueva-cascada y la Casa Milà, que comparten elementos como los arcos parabólicos o la estructura en forma de edificación que coronan ambas construcciones. “Y entre las piedras, si te fijas, aparecen formas de máscaras, como en La Pedrera”.
Agulló, que empezó a estudiar el conjunto hace un cuarto de siglo junto al artista Jordi Martí Aladern y el geólogo Daniel Barbé (les advirtió de su existencia Beatriz Castaño, una psiquiatra colombiana que trabajaba en el centro) , y ha hecho de él un proyecto casi de vida. Ya en solitario le dedicó una tesis doctoral dirigida por Juan José Lahuerta, la máxima autoridad en Gaudí. El tribunal, formado por Robert Brufau, experto en cálculo de estructuras; Jordi Faulí, el director de las obras de la Sagrada Família, y la profesora de la Universitat de Girona Marisa Garcia Vergara, fue distinguida con un cum laude , la máxima calificación.

En los últimos tiempos ha vuelto a frecuentar el “jardín invisible”, como él mismo lo llama, para llevar a cabo las obras de restauración (junto a Josep Pratdesaba, Vicenç Font y Anicet Matamala) que impulsa el Parc Sanaitari Sant Joan de Déu desde 2022 y cuya finalización está prevista para el 203. “Había agua por todas partes en alusión al paraíso terrenal, porque de alguna manera a lo que alude es a la idea del Apocalipsis, ese cataclismo al que seguirá la reinstauración del jardín del Edén”, explica Agulló sentado en uno de los bancos ya restaurados (hay una docena), “que no fueron pensados para el jardín de una casa burguesa sino para el bienestar de los pacientes” y recuerda que, a diferencia de lo que pasó con el banco serpentino del Park Güell “que apenas conserva elementos originales tras la rehabilitación de que fue objeto en los noventa, aquí Gaudí y Josep Maria Jujol siguen estando en estado puro”.
Descubriendo las pequeñas joyas de Sant Boi
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