Probablemente el último lugar donde se expuso una obra del artista guineoecuatoriano Plácido "Pocho" Guimaraes Malabo, todavía en vida, fue en el Palau Victòria Eugènia de Barcelona, dentro del proyecto Museu Habital y de la exposición "Fabular Paisatges".
Se trata de su tapiz "OH!!!" (2010) prestado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia
Y nadie mejor que él mismo para presentarse:
"Me llaman Pocho Guimaraes Malabo. Nací, gracias a mis padres, el 28 de noviembre de 1951. Mi
educación, en los primeros años, corrió a cargo de mi abuelo, Don
Francisco Malabo, en Moka. Asistí a la escuela Jorge Tobileri hasta que
vine a Santa Isabel, la que hoy es ciudad de Malabo y a los diez años,
ingresé en el colegio La Salle de Bata, donde terminé mis estudios
secundarios. En el año 70 me instalo en España y, al cabo de 5 años, me
traslado a Kiev, Ucrania, con una beca para cursar Arquitectura
Urbanística. A mi regreso a España, estudio Bellas Artes en la
universidad de Valencia y al finalizar, me introduzco ya en el mundo del
espectáculo. Hago cine, teatro, danza y televisión. Comienza ya mi
aventura artística: aprendo a hacer tapices y experimento con
materiales, colores y texturas, a fin de sacar el textil de la pared al
espacio. Hago también esculturas e instalaciones y con todo esto,
realizo performances. El sentido del tacto está presente en mis
obras, así como los símbolos. Os invito a introduciros en ellas, os
invito a tocarlas. “Busco la luz”"
"Fanja Bouts estudió Física y Astronomía en la Universidad de Ámsterdam,
además de Imagen en Movimiento en la Gerrit Rietveld Academie. Con esta
formación y su interés por la filosofía, decidió dibujar un mapa del
mundo en el que abordara problemas o malas prácticas con las que no
estaba en absoluto de acuerdo. Su obra, a la vez un mappa mundi y un horror vacui
del siglo XXI, está plagada de personajes divertidos y absurdos, así
como de cuentos animados que relatan con sarcasmo nuestra época.
El
monumental tapiz de Bouts comienza en el centro con lo que equivaldría a
un «Big Bang» del orden mundial capitalista. La obra va desplegándose
hacia el exterior, hacia sistemas que colapsan caóticamente, desde la
forma en que los seres humanos destruyen las masas de agua hasta las
prácticas abusivas de las bioindustrias, en nombre de un crecimiento
económico infinito. El tapiz de Bouts presentado en el Monasterio de
Sant Cugat es una reflexión existencial sobre el papel de la humanidad
en la devastación del planeta, y también un alegato para comprender que
no somos más que una minúscula parte de él.
2023 Tapiz de punto de doble tela, lana y algodón 195 × 950 cm Cortesía de la artista Creado
en colaboración con TextielLab, el taller profesional del Textielmuseum
(Tilburg), con agradecimiento especial a Mathilde Vandenbussche"
Un proyecto de
investigación revela el origen de las pinturas que decoran los
vestíbulos del emblemático edificio del paseo de Gràcia
Ramon Suñé
Un siglo después de su construcción, la Pedrera sigue escondiendo multitud de secretos,
de pequeños detalles que pasan desapercibidos a la inmensa mayoría de
visitantes (más de 1,2 millones en el 2016) que penetran a diario en el
universo mágico creado por el genio de Antoni Gaudí por encargo de la familia Milà.
El proyecto La Pedrera inédita acaba de resolver uno de esos misterios, el del origen de las pinturas que decoran los vestíbulos del emblemático edificio del paseo de Gràcia. Los resultados de una investigación que la Fundació Catalunya La Pedrera hará públicos en breve confirman que los óleos sobre yeso repartidos
por los dos vestíbulos (el del paseo de Gràcia y el de la calle
Provença) son copias –en algunos casos bastante fieles al original, en
otros, interpretaciones más libres– de piezas que forman parte de la colección de tapices del Patrimonio Nacional.
Los últimos estudios realizados por el doctor Carlos Alejandro Lupercio, que ya había profundizado previamente en la obra del artista simbolista Aleix Clapés,
responsable de las pinturas del monumento barcelonés, han permitido
identificar las escenas representadas y trazar esta curiosa conexión madrileña de la Pedrera.
Aunque
estudiosos de la obra de Gaudí como Joan Bassegoda Nonell y Josep Maria
Carandell ya habían cultivado la pista de la procedencia de las
pinturas murales de la Pedrera, la inmersión de Carlos Alejandro Lupercio en la obra del pintor Clapés y en las interioridades de la Pedrera ha conseguido precisar la procedencia de
las figuras que el propio Clapés y sus colaboradores (Iu Pascual,
Xavier Nogués y Teresa Lostau, entre otros) plasmaron en los muros
gaudinianos.
El
recorrido de seres mitológicos como Vertumne o Telémaco desde los
ambientes palaciegos de la capital de España hasta los vestíbulos y
escaleras de la casa modernista resulta sorprendente. Al parecer, el
propio Clapés, de acuerdo con los gustos del señor Milà, seleccionaba en
Madrid algunos de los tapices de la rica colección del Patrimonio
Nacional.
Una vez elegidos, adquiría, como si se tratara de las postales o pósters que se venden todavía hoy en las tiendas de los museos, los cartones que reproducían, en blanco y negro, esas obras originales fechadas entre los siglos XVI y XVIII. El artista trazaba después sobre ellos una cuadrícula numerada
que utilizaba como pauta para copiar fragmento a fragmento las escenas
de los tapices sobre las paredes de la Pedrera. Para ello utilizaba
colores tiernos y la técnica del diaprado, muy empleada en el ámbito de
la heráldica.
El vestíbulo de paseo de Gràcia se ilustra con los amores de Vertumne,
dios de las estaciones, y Pomona, divinidad nínfica de los frutos y los
jardines. Se trata de un episodio recreado por Ovidio en Las Metamorfosis:
Vertumne asume diferentes formas (segador, campesino, podador,
jardinero, soldado, pescador) en el intento de seducir a la esquiva
Pomona, entregada en cuerpo y alma al cuidado de su vergel.
En
muchos de los fragmentos murales, la pintura se adapta al espacio
disponible, a la estructura arquitectónica de la Pedrera y a su
mobiliario. Así, por ejemplo, la ubicación de la reja del ascensor y las
ventanas del entresuelo, obligó al pintor a recortar las escenas que
giran en torno al Vertumne podador.
La profetisa Cassandra y Telémaco, entre las escenas escogidas
Aleix
Clapés suele aprovechar, asimismo, los recursos ornamentales presentes
en los tapices, desde un sol hasta una águila, para adaptarlos a
diferentes rincones de la Pedrera.
El vestíbulo de la calle Provença
es objeto de una mayor libertad interpretativa por parte del pintor y
su equipo de colaboradores. Especial interés tiene la decoración de la
entrada de dicho vestíbulo, con imágenes de la profetisa Cassandra y los héroes de la guerra de Troya.
La
investigación llevada a cabo ha revelado que la matriz de estas escenas
corresponde a la obra del pintor rococó francés Jean-Baptiste Deshayes
(1729-1765), representativo del decorativismo más excesivo del siglo
XVIII. A partir de la documentación fotográfica existente de los
primeros años de la Pedrera se sabe que la misma pintura formaba parte
de la decoración interior, hoy desaparecida, del 1º-2, el piso que entre
agosto de 1911 y agosto de 1918 fue la residencia del cónsul argentino
Alberto I. Gache.
En
esta fastuosa finca se encontraba, muy probablemente, otra obra
reproducida en el vestíbulo de la calle Provença, la de El naufragio de
Telémaco,
copia de dos tapices confeccionados en España a partir de los cartones
de Miguel Ángel Houasse (1680-1730), pintor de cámara de Felipe V. La
hipótesis de la presencia de Telémaco en el “piso Gache” se sustenta en
el testimonio del propio cónsul, que habló de la admiración que la tela
Neptuno causa el naufragio a la nave de Ulises provocó a Rubén Darío en
una de las visitas del poeta a su residencia gaudiniana.
La Pedrera inédita, un proyecto dirigido por Silvia Vilarroya,
historiadora del arte y conservadora de la casa Milà, sigue aportando
novedades al conocimiento de una de las obras más significativas de
Gaudí. Los últimos hallazgos se han producido cuando justo había
finalizado la identificación de las escenas de los dos vestíbulos y no
hacen si no corroborar los resultados de esta investigación que, como la
propia obra estudiada, recuerda en cierto modo la recomposición de un
puzle en el que todas las piezas acaban encajando.
La
observación del fotógrafo Pere Vivas, colaborador frecuente de la
Fundació Catalunya la Pedrera, y la confirmación en un catálogo de
tapices ha permitido averiguar que dos escenas de la parte del ascensor
se corresponden con fragmentos del tapiz de La Fortuna, una obra del
siglo XVI que se encuentra en el Palacio Real de la Granja de San
Ildefonso.
El pintós Clapés utilizó como pauta copias de tapices de los siglos XVI y XVIII
Iniciar su faceta como creador de tapices pintados fue uno de los grandes
aciertos de Clapés. Algunos de ellos llegaron a formar parte de las mencionadas
exposiciones de la Sala Ribas en 1904 y 1905. En la época, era unapropuesta diferente para la decoración de interiores. Se
eliminaba ladistribución habitual de
arrimaderos, empapelados, tapizados o pintadoscon puntillas y cenefas, y se creaban lienzos enteros,
aunque pintadossobre tela. De hecho,
no dejaba de ser un retorno al pasado, cuando en los
palacios y residencias nobles se ornaban los interiores con tapiceselaborados y costosos, aunque al mismo tiempo Clapés
innovaba al hacerevolucionar el
concepto de pintura mural decorativa. Su
principal fuente de inspiración fueron los tapices renacentistas delPalacio Real de Madrid, muchos del cuales reproducían
obras del pintorRafael. Clapés tenía
una nutrida colección de fotografías en blanco y negroque le servían de modelo. Se han localizado muy pocos de
estos tapicespintados, aunque sí se
han conservado algunos esbozos: telas de pequeño formato,
bien compuestas, de dibujo esquemático y con un uso muycuidadoso del color, que remiten a la maestría de Claudio
Lorenzale ymmuestran una gran habilidad
y un gusto exquisito, características que nosiempre proliferaban en la obra del artista."
Antes de recibir los encargos de
Güell, Clapés ya despuntaba como pintor muralista y de escenas mitológicas y
alegorías. Fue una de sus especialidades más celebradas, aunque, aparte de las
del Palau Güell, se han conservado muy pocas. Ni El peón —que compró León
Trotski en 1920 según dice la familia—, ni El mendigo, ni tampoco la mayoría de
las obras mencionadas en la prensa de la época han sobrevivido, las conocemos
solo a través de fotografías o ilustraciones en revistas. Han sobrevivido, sin
embargo, algunos esbozos localizados recientemente, y la obra más relevante de todas,
Translación de los restos mortales de santa Eulalia de Santa María del Mar a la
catedral de Barcelona, de la cual el artista también realizó un esbozo previo.
Esta obra, que se encuentra actualmente en el Salón de Actos del Hospital de
Sant Pau, es la más grande que pintó Clapés. Mide 2,50 metros de alto por 6,80
de ancho, y fue uno de los últimos encargos que Güell le hizo, sobre 1902. El
tema de esta obra es otro ejemplo de la mitomanía del mecenas, ya que existía
la leyenda, o al menos así se hacía circular, que los restos de la patrona de
Barcelona habían pasado por los terrenos de Güell en Pedralbes. Se desconoce el
porqué, pero el enorme cuadro quedó en el taller del artista. Tras su muerte en
1920 mientras pintaba la decoración del Instituto Mental de la Santa Creu en
Horta, el patronato de la institución compró el cuadro a su familia con la
intención de ayudarles económicamente."