"Cuando
se le invitó a realizar un nuevo encargo para las Tres Chimeneas, la
primera sensación del edificio que tuvo Mike Nelson fue que debía
dejarse vacío, transformando la ya desaparecida central eléctrica en una
escultura industrial mediante un acto de denominación artística. Para
Nelson, la importancia del lugar no reside en su interior, sino en el
carácter totémico de su exterior: una declaración megalítica de poder,
no solo desde el punto de vista de la energía, sino también a escala
política, económica, medioambiental y, sobre todo, humana. En respuesta a
ello, optó por intervenir en el marco de la sede, reivindicando su
actitud brutalista al tiempo que manipulaba la relación (singular,
personal) del público visitante con ella. A tal fin, Nelson construyó
una chabola con restos de casas derruidas, almacenes antiguos y otros
materiales recuperados. Su intervención, situada en la periferia del
emplazamiento, parece llevar aquí muchos años, hogar quizá de un antiguo
trabajador o un okupa. No hay ningún cartel que diga que es una obra de
arte, simplemente existe, como si siempre hubiera estado allí. Se
invita al público visitante a entrar y convertirse en su habitante
desconocido. En el interior, una ventana invita a disfrutar de una vista
enmarcada hacia las chimeneas que recuerda a las portadas de las
novelas de ciencia ficción de los años setenta, y cuya representación
sugiere un futuro previsto que ahora ocupamos.