En
el popular y céntrico barrio del Raval, en la esquina entre la calle
Hospital y la actual calle Junta del Comerç, la Corriente Revolucionaria
de Trabajadores y Trabajadoras colocó, en la noche del 18 al 19 de
julio, una placa en homenaje a uno de ellos, Julio Cid Gaitán, caído en
medio de los combates de mayo de 1937.
Su
vida es un concentrado testimonio de las enormes peleas ―en el frente
de batalla y en el terreno de las ideas y la estrategia― dadas por él y
toda una valiosa generación. Recordarlas y rendirles tributo no es un
gesto de nostalgia por el pasado, sino una apuesta por luchar, sin
partir siempre de cero, por la victoria de las revoluciones del futuro.
En este artículo hacemos un breve repaso de esta biografía que merece
ser conocida.
Fue
en 1933 cuando Julio Cid comenzó a militar en las filas de la Oposición
de Izquierda Internacional. Ingresó en el grupo local de Gerena
(Sevilla) de la Izquierda Comunista de España. Cid era un joven
trabajador, empleado del Ayuntamiento, e ingresó junto a su compañero
José Quesada en la organización fundada y liderada por Andreu Nin.
Corría
el último año del gobierno republicano-socialista, electo en las
primeras elecciones de la Segunda República de junio de 1931. Este fue
la primera gran ―y amarga― experiencia de la clase trabajadora y el
campesinado pobre con sus direcciones reformistas en los años 30. La
coalición con los partidos republicanos burgueses dejaba dos años en
que, en nombre del progresismo, se había mantenido buena parte de la
legislación antiobrera de la dictadura de Primo de Rivera y no se habían
resuelto ni uno solo de los grandes problemas sociales que llevaron a
la caída de la Monarquía, empezando por el de la tierra, el más
acuciante del campo andaluz donde se crio Cid.
Dentro
de las filas socialistas, en particular en sus juventudes, esta
decepción con la vía de la reforma paulatina, generó una corriente de
radicalización política y simpatía por las ideas de la revolución de
Octubre. La vía reformista se demostraba un terreno yermo, donde los
trabajadores y el campesinado sin tierra no tenían nada más que esperar
que la represión de los Guardias de Asalto o la Guardia Civil, como
habían visto crudamente en la matanza realizada para aplastar la
revuelta campesina de Casas Viejas (Cádiz).
Mientras los
reformistas no ofrecían más que esperas y engaños, la derecha y los
grupos fascistas avanzan y se fortalecían. Ocurría en el Estado español,
donde la CEDA de Gil Robles ganaba las elecciones de noviembre de 1933.
Y también en Alemania donde Hitler había llegado al poder ante la
inacción absoluta de las direcciones estalinistas y socialdemócratas.
Solo la revolución proletaria podía frenar la amenaza del fascismo, esta
era la conclusión a la que empezaban a llegar muchos jóvenes de las
Juventudes Socialistas y la UGT.
Esta radicalización no era un
fenómeno exclusivamente hispano, sino que se daba en otros países
también dentro de las filas socialistas, como era el caso de Francia o
EE.UU. León Trotsky aconsejó a los militantes de la Oposición de
Izquierda, que eran parte de pequeños grupos en diversos países, entrar
en las organizaciones socialistas a bandera descubierta, para ayudar a
esos sectores radicalizados a terminar de hacer una experiencia con sus
direcciones y sacar conclusiones revolucionarias. Se trataba de confluir
con ellos para avanzar rápidamente en la construcción de partidos
revolucionarios en ruptura con la socialdemocracia y el estalinismo.
Cid
y Quesada siguieron el consejo de Trotsky y entraron a las Juventudes
Socialistas. Quesada llegaría a ser secretario general de sección de
Gerona. Sin embargo, fueron una minoría los militantes de la ICE que
hicieron lo mismo. La dirección Nin no adoptó esta línea.
Lamentablemente,
esto facilitó que la mayoría de estos sectores en vías de
radicalización terminaran influidos y atraídos por el PCE, que se
presentaba como el partido de la revolución rusa, aún a pesar de que
Stalin estaba liquidando el bolchevismo. En abril de 1936 los
estalinistas lograron fusionar sus juventudes con las socialistas, dando
lugar a la Juventud Socialista Unificada, que jugaría un rol de
vanguardia en la lucha contra la revolución social desatada en el verano
de 1936.
Se trató de una enorme oportunidad para avanzar en la
construcción de un partido revolucionario que fue desaprovechada. Nin,
lo justificó para mantener una independencia organizativa del pequeño
grupo de la ICE. Sin embargo, un poco más tarde, en octubre de 1935,
optó por fusionarse con el Bloque Obrero y Campesino de Maurín. Una
organización que defendía una abierta línea de alianza con la burguesía
democrática ―en particular la catalanista― y que llevaría al nuevo
partido a la integración y claudicación ante el Frente Popular en
febrero de 1936 y, sobre todo, en el primer año de guerra civil.
Los
trotskistas españoles, algunos dentro del POUM y otros por fuera,
pelearán en solitario contra esta línea. La alianza con la burguesía
republicana solo podía llevar, en el mejor de los casos, a repetir la
experiencia del primer bienio progresista; en el peor, a desmovilizar y
desorganizar las fuerzas sociales capaces de enfrentar la reacción
fascista. La necesidad de una política independiente y revolucionaria
para prepararse para el escenario de revolución socialista o
contrarrevolución fascista, era una tarea preparatoria fundamental."
Ver artículo competo: https://www.laizquierdadiario.com/Homenaje-a-Julio-Cid-Gaitan-trotskista-espanol-caido-en-1937-en-defensa-de-la-revolucion-social
C. Junta del Comerç/C. Hospital