"El pasaje, situado donde hubo la heredad de Can Garrigó y ahora entre las calles Malgrat y Santapau, conserva dieciocho de las casas que la Cooperativa de Empleados de los Tranvías de Barcelona construyó en 1925. Responde al mismo tipo y momento político-social que el Passatge de la Esperança: Barcelona, gran capital que crece con eventos como la Exposición de 1929 y la implantación de transportes innovadores como el metro. Sin embargo, el estilo es más homogéneo y menos ornamental que en éste. El conjunto debía ser de treinta y dos casas de planta baja y cuatro con dos plantas.
A este arquitecto, se le considera representante de un modernismo ecléctico, hecho que quizá sea más evidente en los proyectos de grandes casas burguesas del Eixample y otros barrios."
"El Passatge de l'Esperança, entre las calles Desfar y Arnau d'Oms, fue urbanizado en la segunda mitad de los años veinte, en terrenos de unas antiguas bóbiles o de la heredad de Can Sitjar (donde estuvo el Colegio de la Buena Vida), según el autor. Son dieciséis casas construidas por la Sociedad Cooperativa de Cargadoras y Descargadoras de Algodón, creada por los estibadores de algodón del puerto de Barcelona en 1925. Precisamente, el pasaje lleva el nombre de la Esperanza en honor de la patrona de los algodoneros. Como el pasaje del Arquitecto Millàs, es fruto de las leyes del dictador Primo de Rivera, que fomentaban el levantamiento de "casas baratas", necesarias para hospedar la creciente inmigración obrera en la ciudad. A menudo, se constituían en hilera, de planta baja, con azotea y jardín posterior, colores diversos, esgrafiados vegetales y ventanas con verjas.
El estilo suele ser noucentista, aquí con pinceladas de art déco. Tanto las ventanas largas y estrechas como las puertas están decoradas con cenefas y motivos florales, mientras que en los frontones de las azoteas se pueden ver grandes pomos de flores.
En una esquina, hay una dedicatoria a ...Luís Jové Castells, insigne benefactor de este grupo de casas..., propietario de una sociedad comercial algodonera fundada en 1903 y que todavía existe.
Según Valentí Pons, las casas fueron proyectadas por Agustí Domingo Verdaguer en 1926 y terminadas en 1928, aunque, en principio, debían ser treinta. También hubo una cooperativa de consumo y un centro de reunión."
"Un
pasaje bien tranquilo, no pasan ni los coches. Situado entre las
calles de Arnaldo de Oms, la Jota, Escocia y Desfar, muy cerca de la
plaza del Virrey Amat. Un pasaje que viene existiendo desde el año 1926.
Esto tiene una corta historia. En el año 1925 se creó en Barcelona una
institución que se denominó “Cooperativa de Cargadores y Descargadores
de Algodón”, que era la que controlaba y dirigía a la gente que se
dedicaba a cargar y descargar todo lo relacionado con el algodón en el
puerto de Barcelona. Un año después, en 1926 compraron unos terrenos en
la barriada de Santa Eulalia de Vilapicina en unas tierras agrícolas que
trabajaban para las masías de Can Garrigó y Can Sitjá, y tenían varios
propietarios, entre ellos el barón de Maldá. Allí construyeron unas
casitas destinadas a sus trabajadores. A la callecita o pasaje donde
construyeron esas casas le pusieron el nombre de Esperanza, en honor a
la patrona de los estibadores del algodón. Se entiende por estibador al
trabajador que se encarga de la carga y descarga de un buque. Sirva como
anécdota saber que aquellos trabajadores bajaban cada día al puerto de
Barcelona a pie, para efectuar su trabajo de carga y descarga. Tardaban
unas cuatro horas en llegar. Pero bueno, ellos se encontraron bien en
aquellas casas unifamiliares tan estupendas que les construyó la
Cooperativa, prueba de ello es que enseguida crearon su propio almacén de
consumo para disponer de un economato, y también montaron un bar, un
centro cultural, y participaron en los actos deportivos y recreativos
del barrio, es decir que se integraron perfectamente. En la actualidad
solo se mantienen en pie dieciséis de las treinta y pico casitas
originales, y el pasaje continua ahí con su nombre de la Esperanza. Esta
es la historia de por qué existe un pasaje en el barrio de Vilapicina i
la Torre Llobeta, hoy distrito de Nou Barris, que desde el año 1926 hasta
la actualidad lo seguimos conociendo como el pasaje de la Esperanza.
PASSATGE DE L'ESPERANÇA
Un
passatge ben tranquil, no passen ni els cotxes. Situat entre els
carrers d'Arnaldo d'Oms, la Jota, Escòcia i Desfar, molt a prop de la
plaça Virrey Amat, és un passatge que hi ha des de l'any 1926. Això té
una petita història. L'any 1925 es va crear a Barcelona una institució
que es va denominar “Cooperativa de Carregadors i Descarregadors de
Cotó”, que era la que controlava i dirigia a la gent que es dedicava a
carregar i descarregar tot el relacionat amb el cotó al port de
Barcelona. Un any després, el 1926 van comprar uns terrenys a la
barriada de Santa Eulàlia de Vilapicina en unes terres agrícoles que
treballaven per a les masies de Can Garrigó i Can Sitjá, i tenien
diversos propietaris, entre ells el baró de Maldà. Allí van construir
unes casetes destinades per als seus treballadors. Al carreró o passatge
on van construir aquestes cases li van posar el nom d'Esperanza, en
honor de la patrona dels estibadors del cotó. S'entén per estibador el
treballador que s'encarrega de la càrrega i la descàrrega d'un vaixell.
Serveixi com a anècdota saber que aquells treballadors baixaven cada dia
al port de Barcelona a peu, per fer la feina de càrrega i descàrrega.
Trigaven unes quatre hores en arribar. Però bé, ells es van trobar bé en
aquelles cases unifamiliars tan estupendes que els va construir la
Cooperativa, prova d'això que de seguida van crear el seu propi magatzem
de consum per disposar d'un economat, i també van muntar un bar, un
centre cultural, i van participar als actes esportius i recreatius del
barri, és a dir que es van integrar perfectament. Actualment només es
mantenen drets setze de les trenta i pico casetes originals, i el
passatge continua allà amb el seu nom de l'Esperança. Aquesta és la
història de perquè existeix un passatge al barri de Vilapicina i la
Torre Llobeta avui districte de Nou Barris, que des de l'any 1926 fins a
l'actualitat el seguim coneixent com el passatge de l'Esperança."
"La Rambla Ciudad de Asunción, en el barrio Baró de Viver, fue inaugurada en el año 2011. Fue diseñada a través de un proyecto participativo en el que tuvo un papel determinante un grupo de jóvenes del barrio. En lo alto de la nueva Rambla, donde se acaba el barrio y comienza la Trinitat Vella, hay una escultura concebida como recuerdo y homenaje a los orígenes del barrio: las denominadas Casas Baratas. El elemento central es un cuerpo sólido de hormigón blanco pulido, con la forma básica de una casa, en su expresión más sencilla y esquemática."
"Colonia Retiro: el oasis de Madrid donde es casi imposible alquilar o comprar
LORETO RUIZ-OCAÑA
Ubicada
junto al famoso parque madrileño, la colonia está formada por 203
chalecitos de principios de siglo XX que rara vez salen a la venta.
Conseguir una de estas casas, muy demandadas por el comprador nacional
que busca tranquilidad, es casi misión imposible.
De casas baratas a colonia 'boutique'
El
origen no solo de Colonia Retiro, sino de la mayoría de las más de 30
colonias madrileñas que aún perviven, es humilde. Estas agrupaciones de
chalecitos, a los que en su día se les llamaba hotelitos, comenzaron a
levantarse en la primera mitad del siglo XX a raíz de la Ley de casas baratas de 1911, que otorgaba suelo en las afueras de la ciudad a diferentes colectivos para construir viviendas de baja densidad que se gestionaban en régimen de cooperativa o vinculadas a instituciones públicas.
Distintos
grupos de trabajadores decidieron distanciarse unos kilómetros del
centro de la ciudad para vivir de forma menos condensada. Ese es el
motivo por el que muchos de estos asentamientos se conocieron (y algunas
aún lo hacen) por el nombre de la profesión de los que las habitaban:
Fomento de la Propiedad, Municipal (conocida entonces popularmente
como Los Guardias de la Porra al estar constituida por policías
municipales), Hogar Ferroviario, Los Músicos, Los Carteros, La Prensa...
etc
La del Retiro fue llamada Colonia La Regalada
y promovida por "Los Previsores de la Construcción" y la compañía de
Seguros La Mundial. La mayoría de las casas fueron proyectadas por el
arquitecto Fernando de Escondrillas y López de Alburquerque (autor
también de las Colonias Primo de Rivera y Jardín Municipal, en
Chamartín) entre los años 1925 y 1932 siguiendo la tendencia regionalista
y levantando estos hotelitos con estilos neomudéjar, vasco, francés,
italiano, industrial y mixto. Es el motivo por el que no hay ninguna
casa igual que otra, lo que supone también parte de su encanto. Así,
encontramos tejados a dos aguas, a cuatro, bóvedas, mansardas, forjados
de madera, muros de ladrillo, enfoscados.... En cada manzana, hay 14
chalecitos, con una media de unos 200 metros cuadrados por vivienda en
dos alturas a las que a lo largo de su vida se les sumó una planta
sótano o una buhardilla. Hasta la década de los 80, no se controló lo
que cada propietario hacía con estas viviendas.
En 1981, la Gerencia de Urbanismo del entonces consistorio socialista de Tierno Galván publicó una Modificación del Plan General en los Conjuntos de Viviendas Unifamiliares.
Establecía que, una vez aprobada la modificación del plan general,
debía procederse a redactar para cada una de las colonias planes
especiales de protección racional y pormenorizada de cada vivienda."
Está delimitada por las calles de Walia, Titulcia, Abtao, Martín
Sarmiento, Juan de la Cueva, Juan de Urbieta, Conde de Cartagena y
Avenida del Mediterráneo
Si
se está atento, Madrid ofrece la posibilidad de viajar en el tempo -que
no tiempo- en cuestión de unos pocos metros. Sucede, por ejemplo, al
tomar la salida de la Avenida del Mediterráneo en la rotonda de Conde de
Casal, dirección Atocha. Es como una entrada a boxes....
Una
casa gris, rematada por una cúpula, ejerce de avanzadilla de las 203
viviendas que componen la colonia Retiro, también conocida como “La
Regalada”. Dentro, la vida transcurre a otra velocidad. Es una
característica de las colonias históricas -no fueron diseñadas como
lugar de paso- que más destaca en esta. Desde el silencio y la
tranquilidad de la calle Antonio Díaz-Cañabate se divisa, al fondo, el
trajín de la Avenida del Mediterráneo.
Hay varios colegios. “Aquí
la hora punta son las 9 de la mañana y las cinco de la tarde, que es
cuando la gente viene a dejar y a recoger a los niños en las escuelas.
El resto del día, apenas hay coches”, cuenta Antón Laguna (57 años,
Madrid). Director artístico de numerosas películas y series, lleva toda
su vida viviendo en la colonia. Su bisabuelo compró dos hotelitos en
1930. Se fueron transmitiendo de generación en generación. La familia
llegó a tener cinco casas en la colonia. Hace 20 años, decidió comprar
una junto a sus dos hermanos. La dividieron. Él, vive en una de las
mitades. La otra es para un hermano. El tercero vive en la parte de
debajo de la que habitó su bisabuelo. Antón recuerda los tiempos en los
que se veían pasar las ovejas y cuando empezaron a construir edificios
alrededor. “Íbamos a tirarles los muros a las constructoras. Nuestros
padres se hacían los despistados…”, recuerda riendo. Hoy, ese espacio en
el que ejercían la resistencia es un parque con pistas deportivas y
juegos que utilizan los colegios como espacio para el recreo. También un
medidor del tiempo del día: a primera hora de la tarde, unos niños
juegan al fútbol. El siguiente partido sube la edad media hasta la
preadolescencia. En el turno de noche, ya hay música y botellón.
La
colonia del Retiro se construyó entre 1925 y 1931. De estilo
regionalista, hay, al menos, cinco tipos de chalet: castellano, vasco,
mudéjar, italiano y francés. Hay cúpulas, torres, tejados a cuatro
aguas, óculos, cornisas, recercados de ladrillo visto en algunas
esquinas. La mayoría de las casas son de dos alturas. Con unos 90 metros
cuadrados por planta. Varios propietarios han optado por dividir las
viviendas.
En el piso de arriba de una de ellas vive de alquiler
desde hace seis años Ana Gallego (46 años, Granada). Funcionaria. Su
habitación está rematada por la característica cúpula del modelo
francés. Vive junto a su marido y sus dos hijos, de 15 y 10 años. “Aquí
te vienes por la personalidad de la colonia, no por los servicios... es
que soy del Albaicín”, explica riendo. Destaca “el orden y la
tranquilidad” del entorno. Y también lo caros que salen los despistes:
“por dejarme la puerta del patio abierta, ya se han llevado dos bicis y
un patinete”.
Justo enfrente, en una casa de estilo vasco, viven
Carmen y Antonio –”la edad no se pregunta”. Adquirieron la casa en 1968.
De pared blanca con detalles grises, tiene una cornisa volada de madera
de medio metro. La verja, de hierro, se remata con un peculiar giro en
su parte más alta. En la parte de atrás, han levantado un vergel con
varios toldos, en los que cada domingo se reúne la familia a comer. “A
veces somos hasta 22, entre hijos, hijas, yernos, nueras, nietos… y a
cada uno le preparo su plato preferido”, dice con orgullo Carmen. En el
patio delantero se levanta una palmera de unos seis metros de altura. La
plantó la madre de Carmen hace 50 años. Los brazos no alcanzan para
abrazar su tronco. Algunos de los dátiles que han caído en una
alcantarilla y en los huecos de la acera han empezado a brotar.
La
tarde avanza y en la terraza del bar de la colonia se animan las
conversaciones. En la parroquia de Santa Catalina de Siena -diseñada por
Alberto López de Asiain y Enrique Llano-, construida en unas formas
circulares que recuerdan a Niemeyer, hay misa. Un cartel recuerda, muy
sutilmente, que “donando a tu parroquia 150 euros al año, la agencia
tributaria te devuelve en tu IRPF 120€”.