"La cruz gótica original, del año 1562, se encontraba en el camino Ral, fuera de la muralla, cerca de la casa de Ramis. En 1803 fue retirada de su emplazamiento original y, posteriormente, se adosó una fuente que sólo dejaba sobresalir la parte superior. En 1892 el arquitecto municipal, Josep Puig i Cadafalch, restauró la cruz de término y retiró su fuente. Fue parcialmente destruida en 1936, restaurada posteriormente y conservada en el Museu de Mataró.
La cruz que podemos contemplar ahora en su emplazamiento original es una reproducción hecha en 1942. Tiene a una cara la imagen de Cristo y en la otra la de la Virgen María, con los apóstoles en el nudo, entre columnas. Su singularidad radica en las figuras laterales, inusuales en las cruces de término catalanas, y en la presencia del Pantocrátor en lo alto de la cruz."
"Cruz de término ubicada en la acera del cruce de la avenida Gipuzkoa con la calle de Extremadura. Es de piedra artificial y está constituida por un doble basamento cilíndrico, el primer hecho de ladrillos puestos en sardinel; y el segundo, de inferior diámetro, de cemento. Encima de este segundo se levanta la cruz colocada sobre una columna de hierro con las esquinas biseladas y de base piramidal encima un capitel cuadrado en cuatro relieves. De brazos prismáticos y centro desplazado en sentido vertical. En la parte central hay dos relieves: por un lado, Jesús crucificado y por el otro la Virgen María y el Niño Jesús Los cantos están ornamentados con relieves y volutas machihembradas.
Observaciones:
La cruz, de estilo neo barroco, fue construida en 1967. Señala de forma simbólica el límite entre el término municipal de Sant Adrià de Besòs y Barcelona. Su interés es de tipo histórico y simbólico. Si bien la cruz de Sant Adrià es un símbolo de la resistencia frente a la anexión por parte de Barcelona y Badalona en 1929. Esta cruz de término constituye un gesto de reafirmación de la independencia e identidad adrianense.
Las cruces de término son monumentos que simbólicamente marcan los límites de los municipios. En Sant Adrià de Besòs hay dos Cruces de Término que nos marcan los límites con Barcelona. Si la cruz de 1944 es un símbolo de reafirmación de identidad adrianense, ya que en ese momento el municipio estaba anexado a Barcelona (el margen derecho del río) y a Badalona (el margen izquierdo), ésta, de 1967, no deja de tener relación con la voluntad adrianense de mantener su identidad. Teniendo en cuenta que la apertura de la avenida Guipúzcoa se consolidó en la década de 1960, también es en este momento cuando se construye el grupo de edificios "La Pau" (los edificios del área de Barcelona que quedan justo detrás de la Cruz). La adquisición y colocación de esta cruz de término nos hace pensar en este empeño adrianense de reafirmación municipal. Las obras de reforma realizadas a finales de la década de 1990, en la calle de Guipúzcoa y en la rotonda de conexión con la ciudad de Barcelona, provocaron el traslado la cruz de término unos metros allá de su emplazamiento original."
"Obra del año 1944 proyectada por Josep M. Pericas, que tiempo antes había diseñado el monumento a mosén Cinto del paseo de Sant Joan de Barcelona. Está situada cerca de la Gran Via, justo en el límite del término de Sant Adrià con Barcelona Cuando fue inaugurada se encontraba en medio de campos, por su estructura se la conoce también como la cruz gallega, la cruz es un símbolo de la resistencia de Sant Adrià ante el intento de anexión de este municipio por parte de Barcelona y Badalona."
"Horta tenía una cruz de término de piedra que fue destruida en el siglo XIX y sustituida por una cruz de hierro. Situada en lo alto de la calle de Horta, en 1936 fue destruida de nuevo y, ya en el año 1952, se decidió hacer una nueva, siguiendo los modelos antiguos, situada actualmente en lo alto de la calle Campoamor, como es habitual, tiene el Santo Cristo en una cara y la Virgen María en la otra. decorado con relieves identificados como el rey Pedro IV, un obispo, un halconero y san Andrés, separados por escudos heráldico"
Punto
estratégico en la antigua villa de Horta. Estaba secundado por una de
aquellas antiguas cruces de piedra, que indicaban que allí existía un
punto de comunicación o concordancia. Porque la calle Campoamor fue
durante toda su historia el camino que empalmaba lo que era la carretera
de Horta actual paseo Maragall, o ruta que enlazaba la villa de Horta
con la ciudad amurallada de Barcelona, que enlazaba decía, con lo que
actualmente es el paseo de Valldaura en el distrito de Nou Barris, que
entonces eran solo campos de labranza. La cruz de piedra destacaba
porque se encontraba al lado de una masía que con el nombre de Can
Cortada, venía presidiendo las labores agrarias que se desarrollaban
desde el siglo XI en las zonas de cultivo que abastecían a la vieja
villa de Horta. Y fue ese insólito camino que seguía destacando en el
siglo XIX, el que empezó a crecer y urbanizarse a partir del año 1870,
que tras una epidemia de fiebre amarilla que asoló la Barcelona emérita
que iba creciendo, los ciudadanos más ricos de esa próspera ciudad
vieron en los espacios de la villa de Horta, el lugar ideal para
establecer una segunda residencia que permitiera curar con elegancia las
secuelas de aquella epidemia. Y como pronto corrió el boca a boca, la
calle Campoamor que en un principio se llamó la Rambla de Can Cortada,
se empezó a poblar de majestuosas mansiones que daban cobijo a las
gentes más acaudaladas de Barcelona, que acabaron convirtiendo sus
parajes en segundas residencias de veraneo al principio, y al final para
quedarse a vivir para siempre. Y así nació y creció la Rambla de Can
Cortada, que en el año 1907 que la villa de Horta se había constituido
en un nuevo barrio de la creciente Barcelona, indujo a que el alcalde
don Domènech Sanllehy que era amigo de bautizar las calles de la ciudad
de Barcelona con nombres de personajes célebres españoles y extranjeros,
en este caso eligiera la figura del poeta asturiano don Ramón Campoamor
Campoosorio, para que engalanara con su nombre la calle que hasta
entonces se había conocido como la Rambla de Can Cortada. Y desde
entonces esta calle se llamó de Campoamor, y con este nombre ha llegado
hasta nuestros días. La antigua masía de Can Cortada que sigue
existiendo, en la actualidad es un restaurante."
"Delante de la iglesia de Santa María hay una cruz de época contemporánea pero ejecutada siguiendo el estilo de las cruces góticas o renacentistas que enriquecían los pueblos y campos catalanes hasta que en el año 1936 fueron derribadas en su gran mayoría."
"Entre los siglos XII y XIII se construyó la primera iglesia, de estilo románico, ampliada en el XIV con una espectacular portada de la que se conservan, en el Museo Comarcal del Urgell, las figuras de cinco apóstoles de dimensiones notables.
En el siglo XVII, debido al estado precario de la antigua construcción tras el derrumbe del campanario, se decidió construir un nuevo templo y se encargó el proyecto al mejor tracista de la época, el carmelita fray Josep de la Concepció, del que se conserva el plano original. Dirigieron las obras el manresano Gaspar Roca, después Jaume Ribot y, ya en el siglo XVIII, Josep Serradell. La construcción se inició en 1672 y el nuevo templo se consagró en 1696, inacabado. Quedaron sin concluir la portalada original y el campanario, que no se terminó hasta el año 1747, quedando la parte superior ppr terminar. En 1960 se instaló la actual portalada, del siglo XVIII, que había sido proyectada como portada del coro, obra de Pere Costa.
Es un edificio de una sola nave, con capillas laterales intercomunicadas, cuatro a cada lado, que realizan la función de naves laterales. La nave está cubierta con bóveda de cañón con lunetos, mientras que las capillas se cubren con bóveda de arista. Es algo poco habitual la presencia de tribunas abiertas en el piso superior. La cúpula que se levanta sobre el crucero es de media naranja con nervios, sobre un tambor con ventanas entre pilastras, distinto al proyecto concebido por Fray Josep. Éste previó sólo una capilla fuera de planta, la de las Santas Espinas. Pero en el siglo XVIII varias cofradías pidieron tener capilla propia y así se construyeron la de los Dolores (1704), la de Roser (1728) y la de la Esperanza (1758).
En el campanario podemos ver tres cabezas empotradas que proceden de la portalada de la iglesia de Anglesola, del siglo XIV, desmontada en 1709."
"En 1742, Pere Costa diseñó el coro de la iglesia de Santa María de Tàrrega, que no se terminó del todo. Lo que sí se concluyó fue la portada de este coro, que estuvo durante doscientos años tras la modesta puerta de entrada del templo. Hasta que en 1960, dado que la fachada principal de la iglesia no tenía la puerta monumental que el proyecto original preveía, se decidió instalar en su lugar la portada del coro.
Es de estilo barroco y está flanqueada por dos pares de columnas ancladas sobre sendos podios adornados con escudos. Encima, un entablamento de complejas líneas curvas -muy parecido al tester de la fachada de la Universidad de Cervera, atribuido al mismo autor- que sirve de marco para la hornacina donde está la imagen de la Virgen."
"Muchas veces me pregunto qué hago pintando frescos en el siglo XXI”,
confiesa Josep Minguell, uno de los pocos artistas que todavía practica
esta técnica milenaria, mientras cruza el umbral de la iglesia de Santa
Maria de l’Alba de Tàrrega. “Y es porque te permite trabajar
directamente con la tierra, el agua y los pigmentos, sin tecnología de
por medio, tal y como se crearon las primeras obras de arte, es el
origen de la comunicación visual”, se responde mientras atraviesa la
nave central del templo barroco, bajo una bóveda íntegramente decorada
con sus propias pinturas. “Además te da mucha libertad y te permite
transformar los espacios arquitectónicos”, prosigue hasta llegar al
altar mayor, donde le espera una explosión de luz, la que él mismo ha
proyectado en las paredes para iluminar la iglesia con los colores
dorados del amanecer, esa alba que le da nombre.
Minguell ha vivido unos últimos meses intensos. Ha recibido la Creu de
Sant Jordi por ser “un artista único, sobresaliendo en el arte de la
pintura al fresco”, señalaba el comunicado de la Generalitat. Y, sobre
todo, porque ha culminado una obra colosal, realizada en cinco fases
durante dieciocho años, los frescos de la principal iglesia de Tàrrega
que muchos han bautizado como la Capilla Sixtina catalana. “La
comparación es exagerada, pero las dimensiones pintadas sí son
similares”, apunta antes de señalar que Miguel Ángel lo pasó peor que él
en los andamios por las características arquitectónicas de la bóveda de
la sala vaticana, mucho más plana. Y otra diferencia destacable: “Él
tenía un equipo de artistas que le ayudaban, yo he estado solo”.
El conjunto de pintura mural de la iglesia de Santa Maria de l’Alba, que
celebra este año el 350 aniversario de la colocación de la primera
piedra, ocupa 1.014 metros cuadrados. Minguell inició su contribución
artística en 2004 pintando el transepto, prosiguió con las bóvedas de la
nave central y ha finalizado el trabajo con el altar mayor que evoca el
paisaje de Tàrrega y los campos del Urgell.
La luz del alba es casi una composición abstracta, realizada con una
trama de pinceladas para que provoque una vibración visual”, especifica
antes de señalar algunos de los símbolos que ha incluido, como el lirio
azul, muy presente en este paisaje. “Se utilizaba incluso para
consolidar con sus raíces las cubiertas de las cabañas de piedra seca”,
revela. No es el único guiño que ha introducido en las escenas, que
destacan por su particular interpretación de los textos bíblicos y
evangélicos, con un nacimiento que no muestra al niño Jesús, una
epifanía sin los reyes magos o una creación de Adán que no obvia la
versión del uso del barro rojo. Y como otros pintores como Josep Obiols
en Montserrat, sus hijos aparecen retratados en más de una ocasión.
Finalizado el proyecto, tiene la sensación de “haber hecho realidad un
sueño”, aunque ahora prefiera desvincularse de la obra para que adquiera
vida propia. “La motivación creativa me hizo soportar bien el
agotamiento físico”, comenta Minguell, que, sin embargo, no ha afrontado
del todo solo esta tarea ingente. Antes que él, entre 1958 y 1965, se
subió en los andamios su padre, el también pintor de frescos Jaume
Minguell, que dejó su impronta en las naves laterales y en las capillas
de los Dolores y Montserrat.
Justo
ahora se celebra el centenario del nacimiento del primer Minguell, cuya
obra mural se puede ver también en una treintena de edificios de
Catalunya, como en la iglesia de Sant Miquel de Mont-roig del Camp.
Perteneciente al llamado Grup Cogul, integrado por artistas de
vanguardia leridanos, su pintura destaca por incorporar elementos
contemporáneos en escenas bíblicas. Es el caso, por ejemplo, de un
Moisés que planta viña con un tractor detrás. Una exposición en el Museu
Tàrrega Urgell recoge su legado hasta finales de setiembre.
Su
hijo, Josep Minguell, aprendió de él la técnica del fresco que ya
practicaba su abuelo. Se trata de un conocimiento de transmisión
familiar que también ha heredado el último eslabón de la cadena, Pau
Minguell, experto en efectos especiales cinematográficos y que ha
trabajado en series como Chernóbil, Northman o The Young Pope .
“El conocimiento lo tengo, si tuviera que hacerlo, sabría cómo”,
comenta junto a su padre, que le recuerda que en la iglesia de Tàrrega
todavía quedan algunas capillas por pintar.
El espectáculo depintar al fresco
Tras finalizar el proyecto de Santa Maria de l’Alba, Josep Minguell se ha volcado en la creación de Affresco,
un espectáculo visual y poético que se estrenará en la próxima edición
de la Fira de Teatre al Carrer de Tàrrega el día 9 de setiembre en un
espacio fuera de la ciudad, en el Molí del Talladell. Codirigido por
Llorenç Corbella, muestra y narra el proceso creativo de una obra al
fresco que el propio Minguell ejecutará en directo. En la representación
no faltarán dos elementos esenciales: el andamio y la musa,
interpretada por Núria Miret"
"La cruz que hay instalada en la plaza Mayor es una réplica idéntica al original, elaborada en torno al año 1430 y atribuida al escultor Pere Johan. El conjunto había quedado muy dañado después de que en 1862 un fuerte viento lo derribara. Esto causó muchos daños en la cruz propiamente dicha y no tantos en el nudo o magolla. La cruz fue trasladada y guardada en el Museo de Antigüedades de Lleida. En 1955 se encargó al escultor Carlos Anadón la restauración y reconstrucción del conjunto, de forma que se hizo una reproducción de la cruz y se integraron los elementos originales conservados de la magolla. En 2013 se decidió retirar la magolla para ser restaurada y conservada en el Museo Comarcal del Urgell, de Tàrrega, donde están también los restos de la cruz original, y ha sido sustituida por una réplica idéntica.
Se trata de una cruz floreada, muy trabajada siguiendo el gusto del gótico florido, que enmarca las figuras de Cristo y de la Virgen en un marco casi cuadrado formado por la unión de cuatro arcos conopiales. Las figuras están, además, situadas sobre unos doseles que remarcan la parte superior de la cruz. En cuanto al nudo o magolla podemos ver las imágenes de cuatro santos y cuatro santas, entre los que se pueden reconocer a san Pablo, san Miguel matando al dragón, santa Lucía y santa Bárbara, todos ellos protegidos por sendos doseles con pináculos que, en conjunto, conforman una especie de capitel que separa a los santos de la cruz misma."