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domingo, 1 de junio de 2025

16/06/2024 Madrid. Fuente de Cibeles

 "La fuente de Cibeles (más conocida por los madrileños como La Cibeles) es una fuente monumental de la ciudad de Madrid, situada en la plaza del mismo nombre, en la zona centro de la capital española.

Fue concebida dentro de un plan de remodelación urbana en el siglo XVIII, por iniciativa del rey Carlos III, quien planeaba embellecer la capital del reino según la estética del neoclasicismo. El proyecto incluía una serie de fuentes esculpidas con motivos mitológicos clásicos (Fuente de Neptuno, Fuente de Apolo), un Museo de ciencias naturales (actual Museo del Prado), el Real Jardín Botánico, el ajardinamiento de la zona y otras propuestas que finalmente no se materializaron. Por la belleza y amenidad del lugar una vez concluido, fue conocido entre los madrileños como "Salón del Prado", y se convirtió inmediatamente en uno de los lugares más populares de la ciudad. 

La fuente representa a la diosa madre Cibeles, identificada en el panteón griego con Rea, madre de los dioses olímpicos y símbolo de la tierra y la fecundidad, sobre un carro tirado por leones (Atalanta e Hipómenes). La actual plaza se llamó al principio plaza de Madrid y en el año 1900 tomó el nombre plaza de Castelar. En la actualidad está delimitada por los grandes edificios del Palacio de Buenavista (Cuartel General del Ejército), Palacio de Linares (Casa de América), Palacio de Comunicaciones (antes sede de Correos y actualmente de la Alcaldía de Madrid) y Banco de España. Lo curioso es que cada uno de estos monumentos pertenece a un barrio distinto de Madrid.

Los artistas encargados de su ejecución fueron Francisco Gutiérrez (figura de la diosa y el carro), Roberto Michel (los leones) y el adornista Miguel Ximénez, de acuerdo con el diseño de Ventura Rodríguez. La diosa y los leones fueron esculpidos en mármol cárdeno del pueblo de Montesclaros (Toledo), y el resto en piedra de Redueña, localidad enclavada a 53 km al norte de Madrid, cerca de la sierra de La Cabrera.​

El estar enclavada en un lugar tan céntrico, su ajetreada historia e incluso tradiciones recientes como ser el lugar de celebraciones deportivas de los triunfos del Real Madrid, ha contribuido a que sea uno de los más conocidos símbolos de Madrid a nivel mundial.

Historia

En la segunda mitad del siglo XVIII surge en Europa la Ilustración, un movimiento que incluye renovación ideológica, política y también artística, primando el Neoclasicismo como una revisión de los cánones y de la mitología griega y romana. El rey Carlos III vendrá de Italia fuertemente influenciado por la Ilustración, emprendiendo una serie de reformas urbanísticas en Madrid (alumbrado público, adoquinado de calles, etcétera). Estas reformas de la capital también adquieren una relevancia estética. El objetivo es situar a la capital de España, Madrid, al nivel estético de ciudades europeas como París o San Petersburgo. En este plan de renovación estética se incluyen otros proyectos emblemáticos como la Puerta de Alcalá o la Fuente de Neptuno.

Construcción

Esta fuente fue recreada por el arquitecto español Ventura Rodríguez que realizó el proyecto entre los años 1777 y 1782. Ventura Rodríguez, Maestro Mayor de la Villa y de sus Fuentes y viajes de agua, diseñó la fuente mediante unos dibujos a lápiz y papel. Quiso compaginar la función ornamental con la práctica, creando una figura infantil con una jarra de la que brotaba un surtidor de agua potable para el uso público. Para la construcción de la fuente fueron empleados unos 10 000 kilos de piedra.

El escultor Francisco Gutiérrez Arribas esculpió la figura de la diosa Cibeles y las ruedas del carro y el francés Roberto Michel esculpió los dos leones. Miguel Jiménez cobró 8.400 reales por labrar las cenefas decorativas del carro. Estos tres artistas trabajaron en equipo.

En 1791 el nuevo Maestro Mayor de Madrid, Juan de Villanueva, propuso disponer en los costados de la fuente dos esculturas de piedra de un dragón y un oso, obra de Alfonso Bergaz hijo, que arrojaban agua por unos caños de bronce insertos en sus bocas. El dragón se destinó para uso público y el oso para que llenasen sus barriles los 50 aguadores que se acabarían asignando a la fuente. En 1862 el dragón y el oso fueron retirados.

Ya en su ubicación actual, poco a poco, al elevarse las rasantes de su entorno por la renovación de la edificación circundante, la gran pila de agua de la fuente ha ido quedando semienterrada.

Colocación y traslado

Parece ser que en principio esta fuente iba destinada a los Jardines de La Granja de San Ildefonso en Segovia, pero cuando se empezó a remodelar el ancho paseo del Prado, la fuente se colocó frente al Palacio de Buenavista, muy cerca de él, a la entrada del paseo de Recoletos y mirando hacia la otra gran fuente, la de Neptuno. Entre ella y el palacio había unos edificios pequeños donde estaba ubicada la Inspección de Milicias y más tarde la Presidencia del Consejo de Ministros, hasta que en 1780 se incendió todo el grupo. Instalada la fuente en 1782, no funcionó hasta el año 1792.

En febrero de 1895 se trasladó el monumento al centro de la plaza agregando ciertas modificaciones como es la elaboración de un nuevo grupo en la parte posterior y colocación sobre una plataforma de cuatro peldaños a tres metros sobre el suelo, ubicando a la diosa mirando al primer tramo de la calle de Alcalá. Este traslado levantó mucho revuelo y críticas que se vieron reflejadas en la prensa de la época donde se dieron todos los detalles de la polémica entre el Ayuntamiento y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Hasta el año 1981 no hubo ninguna restauración.

Descripción

La figura principal es la diosa Cibeles, obra del escultor Francisco Gutiérrez. Está montada en un carro dispuesto sobre una roca que se eleva en medio del pilón. En sus manos lleva un cetro y una llave y en el pedestal.Sobre la cabeza lleva una corona con forma de muralla, se esculpieron: un mascarón que escupía agua por encima de los leones hasta llegar al pilón, y una rana y una culebra que siempre pasan desapercibidas. Dos leones esculpidos por el francés Roberto Michel, tiran del carro. Los leones representan a los personajes mitológicos Hipómenes (o Melanión) y Atalanta, la gran cazadora del grupo de Artemisa. Hipómenes se enamoró de ella y consiguió sus favores con la ayuda de Afrodita y del truco de las manzanas de oro, pero al cometer los amantes sacrilegio cuando se unieron en un templo de Cibeles, Zeus se enfureció y les convirtió en leones condenándoles a tirar eternamente del carro de la gran diosa.

Uso público e historia de la fuente

Este grifo, esculpido por Alfonso Bergaz hijo, decoró la fuente hasta finales del siglo XIX. Se conserva en el Museo de los Orígenes, de Madrid.
El oso, igualmente retirado de la fuente, también es obra de Alfonso Bergaz hijo. Se exhibe en el Museo de los Orígenes.

La fuente no sólo era un monumento artístico sino que tuvo desde el principio una utilidad para los madrileños. Tenía dos caños que se mantuvieron rústicos hasta 1862. De uno se surtían los aguadores oficiales que solían ser asturianos y gallegos y llevaban el agua hasta las casas y del otro el público de Madrid. En el pilón bebían las caballerías. El agua procedía de un viaje de aguas que, según la tradición, databa de la Edad Media de la época en que Madrid era musulmán. Tenía fama de poseer buenas propiedades curativas de cualquier mal. Los caños eran incómodos y de difícil acceso y estaban situados en el lugar donde hoy saltan los surtidores. Precisamente por eso en el año 1862, el Ayuntamiento decidió cambiarlos por dos figuras artísticas y de diseño simbólico para la villa de las que manaba ampliamente el agua: un oso y un grifo (criatura mitológico mitad águila, mitad león) que además fueron colocadas de manera que se facilitara el acercamiento de la gente.

En 1895, con el traslado de la fuente al centro de la plaza, y con motivo de las obras pertinentes, se hicieron nuevas remodelaciones. Se colocó el monumento sobre cuatro peldaños y se le rodeó de una verja para evitar en este caso el acceso. La fuente ya no cumplía su cometido porque la mayoría de las casas tenían o empezaban a tener agua corriente, por lo que el añadido del grifo y el oso se quitó, volviendo así al primitivo proyecto de Ventura Rodríguez. El grifo estaba en buenas condiciones así que se guardó en los almacenes de la villa, junto con otras piezas de monumentos varios donde quedó abandonado y olvidado. Cuando a finales del siglo XX se restauró la casa de Cisneros, alguien se acordó del grifo de Cibeles y fue trasladado al jardincillo de este edificio. Por su parte, el oso adornaba uno de los paseos de la Casa de Fieras del Retiro. En la actualidad, tanto el oso como el dragón forman parte de las colecciones del Museo de los Orígenes de Madrid, en cuyo patio renacentista pueden contemplarse, junto a los remates de tritones y nereidas de las Cuatro fuentes del paseo del Prado.

A través de los años, en una nueva remodelación la verja desapareció sin que el Ayuntamiento diera explicación alguna y la gente se olvidó de ella, hasta que a finales del siglo XX, la prensa dio con su paradero por casualidad e informó de ello: se halla en la entrada al recinto de la sede de la banda de cornetas y tambores de la policía municipal que está ubicada cerca del Puente de los Franceses.​

Además se añadieron en la trasera dos amorcillos; uno (cuyo autor es Miguel Ángel Trilles) vierte agua de un ánfora, y el otro (su autor es Antonio Parera) sostiene una caracola. Pero con este cambio no se perdió la traída de aguas del viaje antiguo y para suplir la fuente como tal se construyó una fuentecilla con caño en la esquina de la plaza, del lado de Correos. Esta fuentecilla siguió siendo todo un símbolo para el pueblo de Madrid que allí acudía a llenar cántaros, botijos y botellas, como sus antepasados. La fuentecilla dio lugar a que la música le dedicara una canción: "Agua de la fuentecilla, la mejor que bebe Madrid…"

Durante la guerra civil española, el bando republicano, que aún dominaba Madrid, cubrió la fuente de Cibeles con una montaña de sacos terreros y, sobre estos, una estructura enladrillada de forma piramidal, para protegerla contra las bombas y disparos del bando enemigo (que ya habían causado deterioros en su brazo derecho, nariz y en el morro de uno de los leones), gracias a lo cual se evitaron daños mayores en el monumento.

A mediados del siglo XX el agua de la fuente se hizo más artística con el añadido de surtidores y diversos chorros formando cascadas y agregando la iluminación de colorines que hizo las delicias del pueblo madrileño. En el estanque superior hay dos surtidores verticales que alcanzan los 5 m de altura, acompañados de una serie de chorros inclinados que envían el agua desde la diosa hasta la parte externa.

En los años 1994 y 2002, ​ la escultura fue mutilada, siéndole arrancada en ambas ocasiones la mano izquierda; en una de las ocasiones la mano original apareció, pero en la otra no, teniendo que ser sustituida por una nueva de origen moderno.

Algunas crónicas señalan que en caso de que las alarmas de la Cámara del Oro del Banco de España salten por intento de robo, todas las habitaciones de dicha cámara, a 35 metros de profundidad, se inundarían con el agua de La Cibeles, gracias a la canalización de las aguas desde la fuente hasta la citada estancia.

En 2016 la fuente fue objeto de su primera restauración integral, recibiendo un tratamiento de limpieza, consolidación de los tres tipos de piedra que la conforman, sellado de grietas, reintegración del fragmento de la cola de uno de los leones, patinado de antiguas restauraciones descoloridas, y protección final con un tratamiento hidrófugo"

Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Fuente_de_Cibeles

 








domingo, 18 de mayo de 2025

15/06/2024 Madrid. Real Basílica Colegiata de San Isidro

 "La Real Basílica Colegiata de San Isidro, también llamada Colegiata de San Isidro el Real, es un templo de culto católico situado en el casco histórico de la ciudad española de Madrid, en el número 37 de la calle de Toledo. Fue la catedral provisional de la ciudad hasta 1993, año en el que se consagró la catedral de la Almudena.

El edificio fue construido en el siglo XVII como iglesia del antiguo Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, que se encuentra anexo al edificio. En ella se custodian los restos mortales de san Isidro, patrón de Madrid, y de su esposa, santa María de la Cabeza.​

 

 Historia

El templo se debe a un diseño del año 1620, obra del arquitecto Pedro Sánchez. Las obras, que comenzaron dos años después, fueron dirigidas por este maestro hasta 1633 y continuadas posteriormente por Francisco Bautista y Melchor de Bueras, quienes finalizaron la construcción en 1664.[2]

La iglesia sustituyó a la iglesia de san Pedro y san Pablo, del siglo XVI, que fue demolida, junto al primitivo Colegio Imperial, siguiendo las instrucciones dejadas en su testamento por María de Austria (1528-1603), hija del emperador y rey de España Carlos I. La Emperatriz legó su fortuna a la Compañía de Jesús con el propósito de que se construyera un edificio de nueva planta sobre el solar de la iglesia derribada.

El templo fue consagrado el 23 de septiembre de 1651, trece años antes de su conclusión, quedando adscrito a la citada orden religiosa e inicialmente dedicado a san Francisco Javier. En 1767, con la expulsión de los jesuitas, se transformó en colegiata.

Dos años después, por orden del rey Carlos III quedó bajo la advocación de san Isidro, coincidiendo con el traslado del cuerpo incorrupto del santo desde la iglesia de san Andrés. También fueron trasladadas desde el Oratorio de la Casa de la Villa las reliquias de su esposa, santa María de la Cabeza. Ambos sagrados restos están custodiados por la Real, Muy Ilustre y Primitiva Congregación de San Isidro de Naturales de Madrid.

Su interior fue reformado en ocasión a la nueva advocación por el arquitecto neoclásico Ventura Rodríguez, que proyectó un nuevo presbiterio y el retablo del altar mayor, además de una rica decoración.​

En 1885, con la constitución de la diócesis de Madrid, pasó a ser la catedral provisional de esta ciudad, rango que ostentó durante más de un siglo, hasta 1993, cuando se concluyó la actual catedral de santa María de la Almudena y san Isidro recuperó la condición de colegiata. Precisamente en las escaleras del templo cayó abatido a tiros el primer obispo de la diócesis, Narciso Martínez Izquierdo el 18 de abril de 1886, asesinado por el sacerdote Cayetano Galeote.​

En 1936, el edificio fue incendiado nada más comenzar la guerra civil española. El fuego destruyó numerosas obras de arte, entre ellas el retablo mayor, así como lienzos de Francisco Ricci o Luca Giordano. El incendio también provocó el hundimiento de la cúpula, la primera encamonada de la arquitectura española (estructura de madera –a base de camones– y casquete de yeso colgado). Las crónicas posteriores, en su afán literario por engrandecer la tragedia, hablan de manera errónea de la destrucción de toda la cubierta. Esto se demostró falso a raíz de una investigación llevada a cabo por alumnos de la Escuela de Arquitectura de Madrid: solo se hundió el casquete y la linterna de la cúpula, el resto de cubiertas son originales. Sin embargo, la destrucción de numerosas imágenes, retablos (incluyendo el mayor), pinturas y los daños en la propia estructura del templo fueron muy grandes.

Tras la contienda, todo el templo fue restaurado. El proceso se desarrolló lentamente a lo largo de dos décadas, intentando recuperar en lo posible los elementos originales, hasta culminar en la década de 1960 con la elevación de un tramo nuevo en las torres de la fachada principal, según proyecto del arquitecto Javier Barroso, quien dirigió todo el proceso. Asimismo se hizo una réplica fiel del retablo mayor de Ventura Rodríguez, por la casa Granda.

El templo albergó, hasta la finalización de las obras de la catedral de la Almudena, las imágenes de la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid, así como el Cristo de la Buena Muerte, obra magistral de Juan de Mesa. Ambas imágenes fueron trasladadas a la nueva catedral tras su consagración.

Desde 1978 el templo es sede canónica de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima de la Esperanza Macarena, que recoge el testigo de estas dos devociones sevillanas y efectúa su salida procesional de Semana Santa en la tarde del Jueves Santo.

Descripción

La colegiata de san Isidro es uno de los edificios más representativos de la arquitectura religiosa madrileña del siglo XVII. Fue levantado en estilo barroco por arquitectos jesuitas, que siguieron el modelo definido en la iglesia del Gesù, de Roma. Su planta de cruz latina de una sola nave, con capillas laterales, crucero y cúpula, denota esta influencia.

La fachada principal, que da a la calle de Toledo, destaca por su aire monumental con reminiscencias palaciales. Realizada en granito, integra un cuerpo central de cuatro columnas corintias, presidido por un grupo escultórico con las efigies de san Isidro y su esposa santa María de la Cabeza. Los capiteles que coronan las columnas son los característicos de Francisco Bautista, quien utilizó en los mismos elementos decorativos personales, como la doble hilera de hojas de acanto con molduras de ovas. A ambos lados de este cuerpo central se alzan dos pares de pilastras, igualmente corintias, que configuran la vertical de las torres. Estas son de planta cuadrada y presentan balaustrada intermedia. Están rematadas por chapiteles octogonales, que terminan en aguja, añadidos durante la reforma del siglo XX.

Sobre el crucero se levanta la cúpula, igualmente diseñada por Bautista. Es el primer ejemplo de cúpula encamonada, un tipo de falsa cúpula trazada sobre un armazón de madera recubierto de yeso, que, dada su ligereza, facilita su apoyo sobre muros de escaso grosor. La fórmula, ideada por Bautista como medida de abaratamiento de costes, se extendió rápidamente a otras construcciones madrileñas del siglo XVII.

El interior del templo, rico en obras de arte, perdió gran parte de las mismas en el incendio de 1936. Se salvaron, no obstante, el sarcófago con las reliquias de san Isidro y algunas pinturas y esculturas; así, un excelente retablo presidido por La Sagrada Familia, también llamado Las dos Trinidades, lienzo de Sebastián Herrera Barnuevo, considerada la obra maestra de este artista, en la capilla del Pilar; o varios cuadros del maestro barroco Francisco Ricci, entre ellos el que representa La conversión de san Francisco de Borja, en el retablo del brazo izquierdo del crucero. ​ Destaca también la decoración y retablo de la capilla del Jesús del Gran Poder, de exuberancia típicamente barroca y en la que intervinieron Claudio Coello y Francisco Ricci. La capilla de la Dormición muestra, por su parte, un valioso retablo pictórico del siglo XVI y como banco del mismo, un movido relieve escultórico de la Dormición de María, excelente conjunto del barroco madrileño del siglo XVII. En la nave mayor, frente al presbiterio, sobresale el púlpito, realizado en una combinación de mármoles polícromos.

El grandioso retablo mayor, que había sido trazado por Ventura Rodríguez,y que contenía esculturas y pinturas de Manuel Pereira, Juan Pascual de Mena y Anton Raphaël Mengs, entre otros, fue pasto de las llamas. No obstante, fue reproducido fielmente en sus formas en el actual retablo por los artistas José Lapayesse y Félix Granda tras la Guerra Civil. En sendas urnas mortuorias dentro del mismo, descansan los restos del santo patrono de Madrid y de su mujer, salvados del fuego."

Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Colegiata_de_San_Isidro

Calle de Toledo 37 



 
Capilla de Jesús del Gran Poder















 

 


 
Capilla de la Dormición de María





 
Gracias por su aportación a:  Wow Museum
"Urna con el cuerpo incorrupto del santo, por el lado interno del camarín"
 
 
 
Vista aérea: Google Maps

lunes, 3 de junio de 2024

08/01/2024 Zaragoza. Catedral - Basílica de Nuestra Señora del Pilar III: La Santa Capilla del Pilar

 "La Santa Capilla del Pilar

La Capilla de Nuestra Señora del Pilar es una construcción independiente dentro del conjunto de naves de la Catedral. Constituye un espacio, amplio e íntimo a la vez, integrado en el templo pero con escala particular. Está realizado en estilo barroco clasicista, con cúpulas recortadas, rompimientos de gloria, entablamentos curvados, y numerosas esculturas y medallones de mármol. 

La capilla, construida a partir de un diseño de Ventura Rodríguez entre 1750 y 1765 como joyel que realzara la imagen de la Virgen, supuso una de las obras maestras de la arquitectura barroca española. En ella, con materiales de gran nobleza, se da una completa integración de la escultura y la arquitectura. Dirigió las obras José Ramírez de Arellano —artífice también de los grupos escultóricos del interior—, ya que Ventura Rodríguez solo estuvo en El Pilar en dos ocasiones y delegó la responsabilidad de la ejecución a partir de 1754 en Ramírez de Arellano.

El espacio está concebido como un baldaquino dentro del templo y está situado bajo el segundo tramo de la nave central. La planta es curvilínea de cruz griega de remates redondeados en planta, cubierta por una cúpula central elíptica, sobre un entablamento que discurre sinuoso en una línea de cuatro lóbulos. La cubierta se perfora en transparentes que dejan pasar la luz y se adorna todo el conjunto con esculturas exentas en las cornisas y grupos escultóricos en relieve según un programa que incluye la necesidad de realzar la camarilla de la Virgen, situada fuera del eje a la derecha del espectador. Los juegos de curvas y volúmenes están en deuda con la obra de Bernini y Borromini, con la arquitectura bizantina, el rococó y el neoclasicismo.















 

 La Virgen del Pilar

La talla de la Virgen en madera dorada mide treinta y seis centímetros de altura y descansa sobre una columna de jaspe, resguardada esta por un forro de bronce y plata y cubierta por un manto hasta los pies de la imagen, a excepción de los días dos, doce y veinte de cada mes en que aparece la columna visible en toda su superficie. En la fachada posterior de la capilla se abre el humilladero, donde los fieles pueden venerar a la Santa Columna a través de un óculo abierto al jaspe.

Se trata de una escultura de estilo gótico tardío franco-borgoñón de hacia 1435 atribuida a Juan de la Huerta, imaginero de Daroca. En cuanto a su iconografía, se observa a María coronada y con túnica y manto, que recoge con su mano derecha, contemplando a Jesús Niño que agarra el manto de su madre con la mano derecha y un pájaro con la izquierda. El rostro de la Virgen posee ternura y el Niño puede haber sido objeto de una restauración poco cuidadosa.

Probablemente fue una imagen donada por Dalmacio de Mur con el mecenazgo de Blanca de Navarra, mujer de Juan II de Aragón, a raíz de la curación de una enfermedad que aquejó a la reina por entonces."

Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Catedral_bas%C3%ADlica_de_Nuestra_Se%C3%B1ora_del_Pilar_(Zaragoza