"Las esculturas parasitarias de la artista catalana Eva Fàbregas rezuman
de las grietas y heridas de la cárcel de Mataró. Estas entidades
moldeadas por el aire son inquietantes recordatorios de cómo los órganos
y la carne responden a la tensión y la distensión. Manipulando la
elasticidad de tejidos sintéticos, los tiempos de secado del látex y la
tensión de los procesos de inflado y desinflado, estas membranas
arrugadas desestabilizan la particular arquitectura del edificio. La
obra se titula como el fluido que exuda de los organismos vivos como
respuesta a una lesión o inflamación. La exudación suele ser una parte
normal del proceso de cicatrización. Sin embargo, en la cantidad, el
lugar o la composición equivocados, también puede retrasar o complicar
la recuperación. Las entidades de Fàbregas proliferan dentro del
recinto, lo alteran al tiempo que introducen un elemento simbólico para
su rehabilitación. "
"La obra A Century of European Architecture del artista catalán
Domènec parte de la pregunta siguiente: ¿fue el campo de concentración
el modelo arquitectónico definitorio del siglo xx? El campo de
concentración, (sub)producto de la modernidad, es una invención bastante
reciente, que surgió a finales del siglo xix. A lo largo del siglo xx,
una enorme variedad de entidades políticas europeas internó a colectivos
muy diversos en campos de concentración. La proliferación de estos
campos está inextricablemente ligada a los principios organizativos del
Estado nación, que son proclives a generar un segmento de la población
que no «encaja». Una y otra vez, en las sociedades en las que se siguen
estrictamente estos principios, los considerados «otros» han sido
separados a la fuerza del cuerpo social «sano». Con dibujos,
fotografías, planos, maquetas, esculturas e intervenciones in situ, A Century of European Architecture
plantea preguntas acerca del dispositivo arquitectónico de los espacios
de concentración de Europa. Para Manifesta 15, Domènec ha creado una
versión adaptada del proyecto que reflexiona sobre el diseño panóptico
de la cárcel de Mataró, reconociendo que el entorno edificado nunca es
neutral y que no debe olvidarse la función original de este lugar,"
Cárceles
dentro de una cárcel. Así puede definirse la obra que el artista visual
Domènec presenta en Mataró Art Contemporani (MAC, la antigua prisión
de la ciudad), durante la bienal de arte Manifesta 15.
Acompañado
de las obras inquietantes de Eva Fàbregas y de piezas de la Fundación
Han Nefkens, Domènec desarrolla en su exposición la idea de que el
campo, “como dispositivo para retener y separar grupos enteros de
población”, es un invento reciente (sitúa el origen a finales del XIX en
Cuba) que en el siglo XX se propaga por Europa y llega hasta hoy,
cuando, subraya, no hay ningún país que no disponga de estos lugares de
excepción para retener a un grupo de población pese a no haber cometido
delito alguno.
En
una de las siniestras dependencias de la antigua prisión, Domènec ha
colgado planos de campos de concentración de todo tipo, desde los del
Holocausto hasta curiosidades como el pueblo para gitanos de
Saliers Camargue, en Francia. Y, entre medio, un plano de la montaña
barcelonesa de Montjuïc recién urbanizada con ocasión de la Exposición
de 1929.
De cuando en Montjuïc fueron internados en un 'CIE' migrantes del resto de España
¿Qué
tiene que ver esta montaña de ferias, de cultura, de ocio familiar y de
deporte con nombres patibularios como Auschwitz o el Velódromo de
Invierno de París? La respuesta está en el diminuto pabellón señalado
con el número 21 en el plano que aporta Domènec, un edificio que se
ubicaba junto a la antigua puerta de maratón del Estadi Olímpic, donde
hoy están los jardines de Joan Maragall.
Para entenderlo, hay que consultar un capítulo dedicado al asunto en el libro colectivo Memòries del treball i de la immigració a Catalunya 1939-2023 (Memorial Democràtic, 2024). Lo firman el profesor Miguel Díaz Sánchez y el periodista de La Vanguardia Jaume
V. Aroca. El número 21 del mapa expuesto en Mataró corresponde al
llamado palacio de las Misiones, que durante la Exposición Internacional
abordó el tema de las misiones religiosas españolas.
Luego fue una checa donde
se encerraba a afectos al bando franquista y, tras la guerra, a partir
de 1952 y hasta aproximadamente 1958, un centro de retención,
clasificación y deportación de inmigrantes del resto de España, muchos
de ellos de Levante y el sur. Es decir, todo un CIE adelantado a su
tiempo, pero con españoles dentro.
El Palacio de las Misiones es una de las edificiaciones situadas a la izquierda del estadio
Archivo
El tema de la devolución de migrantes que no tenían oficio acreditado ya aparecía en las Treinta mil pesetas por un hombre de
Francesc Candel. Los autores antes citados constatan años después que
no fueron casos aislados, sino que se contaron por miles las víctimas de
una política que ejecutaban brigadas del Ayuntamiento y del gobierno
civil especializadas en la represión de la mendicidad y la expulsión de
inmigrantes.
El funcionamiento
“¿Hay alguien de mi pueblo?”
La única manera de salir en libertad del palacio
de las Misiones era demostrar que se tenía un trabajo o lograr que
alguien local y solvente se hiciera cargo de ti. Este fue el caso de un
policía armada y carpintero que en los años cincuenta visitaba a menudo
el tétrico edificio de Montjuïc para llevarse a su casa, en el barrio de
Gràcia, a quienes resultaban ser paisanos suyos, de Mancha Real (Jaén) o
alrededores. Luego intentaba conseguirles trabajo. Era o eso o tomar el
camino de retorno en la estación de França.
Las
estaciones eran el lugar donde familias enteras eran detenidas y
trasladas al centro de Misiones, a la espera de que demostraran que
podían ganarse el sustento en Catalunya.
Prueba
de la magnitud de estas deportaciones es que solo entre agosto de 1945 y
octubre de 1946 fueron nada menos que 52.830 los billetes de
ferrocarril emitidos para reintegrar migrantes a sus localidades de
origen.
Plano expuesto en la instalación de Domènec. El 21 era el Palacio de Misiones
Miquel Molina
¿El
motivo? Además de preservar el orden público expulsando a “maleantes”,
las autoridades pretendían, según los autores, evitar “el mal efecto”
que producía la visión de personas sin recursos por las calles de
Barcelona. Es decir, un caso de libro de aporofobia.
Si
entre las vocaciones de Manifesta figura señalar los ángulos muertos de
la historia de las ciudades donde recala, el del palacio de Misiones,
que estuvo en pie hasta 1966, es un ejemplo muy claro: el recordatorio,
en esta ocasión a través del arte, de unos hechos que merecen ser del
dominio público y que desmienten la teoría de que el franquismo llenó
Catalunya de migrantes para diluir así su identidad nacional.
El
recuerdo de este pasado, por siniestro que sea, debería tener un lugar
en las conmemoraciones del centenario de la Exposición Internacional.
El resultado
Un fracaso absoluto
Miguel Díaz, Jaume V. Aroca e Imma Boj, autores
de la investigación sobre la represión de la inmigración en el
franquismo, califican de “fracaso sin paliativos” el intento de
repatriación de migrantes, pese al gasto millonario que se efectuó. Por
eso acabó decayendo esta ofensiva: “La política de repatriaciones
–sostienen– estaba reduciendo el presupuesto destinado a resolver el
problema de la vivienda, origen y causa que justificaban la política de
deportaciones”."